Publicado por: Celia Vergara
Cuando el miedo aparece justo antes de salir a escena
Cuando el miedo aparece justo antes de salir a escena
Ayer, justo antes de salir a una función, me dije algo que me sostuvo.
No fue una frase bonita para motivarme. Fue una verdad que me devolvió al centro.
Venía de un día intenso. El día anterior había sido el concierto de alumnos del Método Celia Vergara, un día muy emocional, muy entregado. Y al llegar al teatro, tenía que sostener un personaje que es el líder de la obra, el que marca el pulso, el que guía.
Y, sin embargo, no me sentía como suelo sentirme: potente, clara, llena de energía. Me notaba un poco cansada, algo fuera de mi eje.
Y cuando eso ocurre, aparece una voz muy conocida en muchos artistas:
¿Y si hoy no estoy a la altura? ¿Y si no sostengo lo que tengo que sostener?
Ahí fue cuando me dije esto:
“Celia, esto no va de ti. Tienes una labor que realizar en ese escenario. Tú solo eres el mensajero. Confía en el trabajo que ya has hecho. Sigue el texto, sigue las canciones y déjate llevar.”
Y algo se recolocó.
No me forcé a estar bien.
No me exigí sentirme fuerte.
Me puse al servicio.
Y, poco a poco, la energía fue apareciendo. No desde el esfuerzo, sino desde el sentido. La función se sostuvo. La historia se contó. El personaje vivió. Y yo estuve ahí, dentro de ello.
Cuando no estamos en nuestro eje
A veces creemos que para salir a escena tenemos que estar perfectos:
emocionalmente estables, llenos de energía, seguros.
Pero los artistas no trabajamos con máquinas.
Trabajamos con cuerpo, emociones, sistema nervioso, historia personal, cansancio, ilusión, miedo, alegría, todo a la vez.
Y cuando estamos un poco desplazados de nuestro centro —cansados, nerviosos, vulnerables— es cuando más fácil es que todo se vuelva “yo”:
yo, mis dudas, mi inseguridad, mi miedo a fallar.
Y ahí dejamos de servir al personaje, a la música, al texto, al público.
Paradójicamente, cuando dejamos de intentar protegernos a nosotros mismos y nos ponemos al servicio de lo que estamos contando, el sistema nervioso se regula.
Esto no es solo poético. Es fisiológico.
Cuando el foco pasa del “yo” al “para qué”, se reduce la activación de la amígdala (la parte del cerebro que detecta amenaza) y se activa la corteza prefrontal, que es la que nos permite sostener atención, memoria, texto, intención.
También se activa el nervio vago, que es el gran regulador del estado de calma y conexión.
Por eso, cuando te entregas al mensaje, el cuerpo deja de luchar contra el miedo y empieza a colaborar.
Esto le pasa a todos los artistas
Si todavía no te ha pasado, te pasará.
Habrá días en los que no te sientas en tu mejor versión y, aun así, tengas que salir a escena.
Por eso no basta con técnica vocal o con aprender canciones.
Hay que entrenar también la mente, la emoción y el cuerpo para esos momentos.
A mí ayer me ayudó una frase.
A otras personas les ayudan imágenes, respiraciones, anclajes, rituales internos.
Eso es exactamente lo que entrenamos en el Método Celia Vergara:
no solo a cantar mejor, sino a sostenerte cuando lo que se mueve por dentro amenaza con sacarte del escenario.
Una historia real
El día anterior, en el concierto de alumnos, una de las cantantes me recordó algo muy importante.
Cuando se apuntó al Método, hace cuatro meses, me dijo:
“Yo no es que tenga miedo escénico. Es pánico. Soy incapaz de subirme a un escenario.”
Y allí estaba.
Cantando.
Brillando.
Presente.
Libre.
No porque el miedo hubiera desaparecido, sino porque ya no la gobernaba.
Eso es el trabajo real.
Para ti, que cantas, que interpretas, que sientes
Sigue cantando.
Sigue buscando tu manera de expresar lo que llevas dentro.
No dejes que el miedo decida por ti.
Y si algo te limita, no te resignes. Entrénalo. Trabájalo. Acompáñalo.
Porque merece la pena que todo eso que tienes dentro encuentre su camino hacia fuera.
Eso también es arte.
Y eso también es vida.
Si quieres que te acompañe, aquí estoy.
Un abrazo,
Celia Vergara
Equipo de Hot Stuff Producciones